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Dando retroalimentación - El papel del evaluador

Evaluaciones Efectivas

Alexander Hristov

 

Como probablemente hayas visto, muchos roles están relacionados con la evaluación de otros. Es importante señalar que «evaluar» significa «dar retroalimentación constructiva» para que la persona evaluada pueda mejorar de manera específica. La evaluación no es de ninguna manera juzgar o criticar a otras personas.

 

El papel del evaluador de discursos es uno de los más importantes en Ágora. Le proporcionarás a tu compañero la información necesaria para ayudarlo a avanzar en su programa educativo.

 

 

 

Todo el mundo puede ser evaluador

Evaluator

Una pregunta que se hacen reiteradamente los evaluadores de discursos es «¿Estoy suficientemente capacitado para ser Evaluador?» o «Sólo he hecho algunos proyectos, ¿puedo evaluar un proyecto avanzado?»

 

Habitualmente la implicación de estas preguntas es que dado que no se han hecho suficientes discursos, no se tiene la capacidad, experiencia o conocimiento para evaluar el discurso de otra persona.

Esto, sin embargo, es una falacia. Considera por ejemplo la última vez que fuiste a ver una película con un amigo. ¿Tenías opinión sobre la misma? ¿Comentaste algo sobre los diálogos, los actores, el guion o los efectos especiales?. Casi podemos apostar que las primeras cosas que dijiste a tu amigo después de la película fueron cosas como «Vaya, estuvo genial. Me encantó cuando ….» o «Qué película más mala, parecía que ni los propios actores se tomaban en serio el guion». A pesar de haber emitido estas opiniones, probablemente no seas ni actor, ni guionista, ni director de cine profesional.

Lo mismo se aplica a muchas otras facetas de nuestra vida: Cuando comemos en un restaurante, tenemos una opinión clara sobre la comida a pesar de que tal vez no seamos capaces ni siquiera de hacer un huevo frito sin dejar la cocina hecha un desastre. Cuando vamos a un teatro tenemos una opinión sobre los actores a pesar de que no hemos terminado una escuela de teatro. Cuando vemos un partido de fútbol tenemos una opinión sobre el desempeño de cada jugador, incluso si nuestro propio deporte favorito es el sofá-ball.

La razón de todo esto es que no estamos evaluando los discursos desde un punto de vista académico o profesional. 

El objetivo de una evaluación de un discurso es dar tu opinión sobre el discurso del orador y su presentación desde el punto de vista de un miembro del público.

Como miembro del público, sabes lo que viste, lo que oíste y cómo te hizo sentir el discurso. Y todos tenemos toda una vida de experiencia como receptores (oyentes) de discursos en infinidad de contextos y situaciones.

Por último, recuerda que esto también significa que como Evaluador, solamente estás expresando tu propia opinión, no un criterio profesional.

Tus objetivos como evaluador

Como Evaluador, tienes tres objetivos principales:

Motivar al orador

Todos los oradores son seres humanos y todos comparten las mismas preocupaciones y dudas sobre su desempeño y la necesidad de ser aceptados que los demás. Incluso si un orador es muy avanzado e irradia confianza por los cuatro costados, aun así tendrá las mismas dudas y miedos que cualquiera. «¿Lo hice correctamente?», «¿Fui convincente?», «¿Qué opinan todas estas personas de lo que acabo de decir?», «¿Se dieron cuenta de que cometí este error?». La única diferencia entre un orador avanzado y uno novato en lo que concierne a estos miedos es la forma en que ellos los controlan y canalizan. Todos los oradores apreciarán ser reconocidos y motivados, indicando explícitamente las cosas que hicieron bien.

 

Educar al orador y al público

Como Evaluador, no solo debes indicar las cosas que pueden mejorarse, sino también por qué estas cosas son importantes. No basta con decir «Yo usaría un poco más de variedad vocal». Explica también por qué la variedad vocal es importante en general, y también en particular para el proyecto en concreto que está haciendo el orador. La explicación es tanto para el propio ponente, como para el público, ya que una de las principales formas en que aprendemos es observando lo que hacen los demás, y especialmente sus errores.

 

Ayudar al orador a mejorar.

Todos los oradores quieren mejorar, incluso los más avanzados. De lo contrario, estarían cobrando por hablar en conferencias en lugar de asistir a las reuniones de un club amateur. Para ayudar a un orador a mejorar, hay que proporcionarle consejos específicos y alcanzables: cosas que —en tu opinión— podría haber hecho mejor, o de forma diferente, para aumentar la eficiencia de su discurso.

 

Qué hacer como evaluador - Antes de la reunión

Para ser un Evaluador efectivo, es necesario conocer tanto a la persona que va a presentar el discurso como el propio proyecto que va a hacer. Incluso si te has ofrecido como voluntario para el rol de Evaluador en la propia reunión, siempre hay algo de tiempo antes del discurso para al menos intentar hacer los siguientes pasos:

 

1. Leer sobre el proyecto

Lee completamente la descripción del proyecto que el orador va a presentar. Presta atención especial a los objetivos de aprendizaje y pedagógicos. Estos son las principales cosas que el orador debe acabar interiorizando como resultado de haber hecho el proyecto.

 

2. Determina el contexto

 

Todas las evaluaciones deberían estar adaptadas al contexto particular en el que ocurre el discurso. El contexto o entorno incluye aspectos como:

  • Los objetivos del proyecto.
  • Los objetivos generales de la ruta educativa que el ponente está siguiendo.
  • El nivel o grado de experiencia del orador.
  • Los intereses específicos del orador.
  • La sala o lugar de encuentro.
  • La hora.
  • Los eventos anteriores y posteriores al discurso.

 

Como ejemplo de la forma en que el contexto influencia una buena evaluación, consideremos el nivel del orador. Cuando alguien comienza a hablar en público, las opiniones relacionadas con elementos básicos como por ejemplo la necesidad de mantener un buen contacto visual con el público pueden ser extensas y ampliamente explicadas: «Durante tu discurso, no miraste mucho a la parte izquierda del público. Tener un buen contacto visual con todos los miembros es importante por muchas razones – inmediatamente centra la atención de la persona a la que estás mirando y de las que están a su alrededor, transmites una sensación de seguridad y confianza, y creas un ambiente amigable parecido al de una conversación de tú a tú con esa persona».

 

Si en cambio el orador es un orador experimentado que tiene 20 proyectos a sus espaldas, la explicación anterior sería demasiado y perdería un tiempo precioso que tendría mejor uso si se dedicase a aspectos a mejorar menos conocidos por el orador. Esto no significa que no se deba mencionar en absoluto. Al contrario, todos los oradores – incluyendo los más avanzados – cometen errores básicos de vez en cuando. Es necesario recordárselo con algo como «Durante tu discurso, apenas miraste al lado izquierdo del público», pero sin extenderse sobre la cuestión, ya que un orador avanzado sabe perfectamente lo que esto significa y sus consecuencias.

 

Igualmente, los oradores experimentados en general prefieren recibir más sugerencias para mejorar que los oradores principiantes, que necesitan más apoyo y únicamente un par de sugerencias cada vez para evitar agobiarse.

 

El Lugar de reunión es otra parte importante del contexto. Los buenos oradores deben ser capaces de adaptarse a malas salas de reunión:

 

  • Geometría: A veces la sala es terrible en el sentido de que el público no está concentrado en una única ubicación, sino distribuido en varias figuras geométricas. Un buen orador debe asegurarse de dirigirse por igual a todas estas secciones, y de establecer contacto visual con representantes de cada sección, con independencia de dónde estén sentados.

 

  • Acústica: Algunos entornos tienen una acústica mala y un buen orador debe poder compensar esto proyectando todavía más su voz.

 

  • Iluminación: A veces las luces serán demasiado tenues, y el orador deberá poner énfasis adicional para evitar que la gente se quede dormida. A veces ocurrirá lo contrario, las luces serán excesivamente brillantes, lo cual representará un reto si el orador utiliza ayudas visuales o proyector de diapositivas.

 

  • Temperatura: Si la sala no tiene la temperatura, humedad o ventilación adecuadas, la gente estará más centrada en la incomodidad que esto representa, lo cual a su vez requerirá esfuerzos todavía mayores por parte del orador para mantener su atención. Un buen orador puede incluso aprovechar esta circunstancia con un comentario humorístico sobre la situación, ganándose de esta forma una simpatía instantánea por parte del público sin apenas esfuerzo.

 

  • El día y la hora son también factores importantes en un discurso, aunque en los clubes de Ágora tienen menos incidencia ya que estos se suelen reunir siempre el mismo día de la semana a la misma hora. Sin embargo, para proyectos fuera de los clubes y para «el mundo real» en general, un discurso presentado un Lunes temprano por la mañana no tiene nada que ver con un discurso presentado un Viernes justo antes de terminar el día laboral, con las personas presentes únicamente en cuerpo y con su mente centrada en las fiestas preparadas para el fin de semana. Como ejemplo adicional, un discurso dado a las 8 de la mañana no debería ser el mismo que un discurso dado inmediatamente antes o inmediatamente después de la hora de comer.

 

3. Contactar con el Orador

 

Tu rol como Evaluador comienza mucho antes que la reunión. Muchos oradores tienen sus propios objetivos adicionales en cada proyecto. Muchos quieren estar seguros de lo que han aprendido y quieren poner en práctica elementos específicos de proyectos anteriores. Es extremadamente útil disponer de alguien que les indique, de forma objetiva, cómo de exitosos (o no) fueron. Tal vez el orador tiene la costumbre de mirar demasiado al lado izquierdo del escenario… Tal vez tiene la costumbre de hacer un vaivén adelante-atrás mientras habla… Tal vez quiere asegurarse de que su pronunciación es clara, o de que se le oye al fondo de la sala…

 

Por estos motivos, contacta con el orador antes de la reunión y pregúntale si quiere que prestes atención a algo en particular, además de los propios objetivos del proyecto.

 

4. Escribir de antemano parte de la evaluación

 

A pesar de que todavía no has escuchado el discurso, puedes decidir la estrategia de evaluación antes de la reunión y escribir su estructura general. Por ejemplo, puedes decidir de antemano que comenzarás tu evaluación con un comentario positivo sobre cómo recuerdas los inicios de este orador en concreto. O puedes decidir comenzar con tu propia experiencia personal sobre este tema. Un compañero entrañable siempre solía comenzar sus evaluaciones con «Tu discurso me recordó cuando yo…» y a continuación procedía con una pequeña anécdota personal.

 

Puedes también elegir citas que podrían ser aplicables a un tema determinado. Por ejemplo, para el proyecto de «Recursos Retóricos», donde el objetivo principal es el uso de lenguaje efectivo cuando se escribe el discurso, a mí personalmente me gusta comenzar con la siguiente cita de Antoine de Saint-Exupery:

 

«Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y ancho.»

 

Esta cita sirve para ilustrar la necesidad de utilizar un lenguaje vívido, que transmita imágenes y emociones poderosas a la audiencia.

 

Recuerda que una Evaluación es en sí misma un discurso, y como tal debería tener los atributos de todo buen discurso: estructura, mensaje, claridad, ritmo, etc.

 

También puedes escribir de antemano los elementos principales sobre los que quieres centrarte, y tal vez escribir algunas palabras clave que más tarde podrías subrayar (algunos prefieren escribir los signos "+" o "-"), dependiendo de cómo lo hizo el orador. Cualquier cosa que sirva para ahorrarte tiempo a la hora de anotar tus impresiones mientras estás escuchando el discurso es bienvenida, ya que te permitirá concéntrate más en el propio orador.

Qué hacer como evaluador - Durante de la reunión

 

Dónde sentarse

Deberías sentarte en un sitio neutral, no privilegiado. No caigas en la tentación de sentarte en la primera fila para «oír y escuchar» al orador con claridad, porque esa no es la forma en la que el público en general va a percibir el discurso. Recuerda que como evaluador, no eres parte de ningún «jurado oficial» cuya opinión es más importante que la de los demás, sino simplemente un miembro del público al que se le ha dado la oportunidad de dar a conocer su opinión públicamente en un mini-discurso de evaluación.

 

Escucha atentamente

Es bastante evidente que para evaluar un discurso, es necesario escucharlo, y con mucha atención. Idealmente, cuando llegue el momento del discurso, parte de la evaluación estará escrita ya de antemano, así que te podrás concentrar en él. Olvídate de la bebida, comida, móvil, vecinos en el público o ese miembro del club que tanto te gusta …  Olvida todo lo demás y céntrate en el discurso.

 

Toma notas

Con independencia de lo maravillosa que creas que es tu memoria, realmente no lo es. No te engañes pensando que vas a recordar decir tal o cual cosa sobre el discurso del orador, porque lo más probable es que lo olvides. En lugar de eso, apunta las cosas, según ocurran:

 

  • Cualquier frase o cita que creas particularmente buena o memorable.
  • Gestos o movimientos del cuerpo que fueron especialmente apropiados para apoyar el mensaje principal (o por el contrario, gestos que fueron especialmente poco naturales, exagerados o fuera de lugar).
  • Ayudas visuales o atrezos que fueron sobresalientes por su eficacia, y también aquellas que se usaron con poco éxito, o no fueron claramente visibles para todo el público.
  • En general, cualquier elemento de la presentación especialmente bueno (o al contrario).

 

Cuando tomes notas, ¡asegúrate de escribirlas de forma que se puedan leer! Más de uno o dos evaluadores han sufrido sobre el escenario porque fueron incapaces de descifrar su propia escritura.

 

Una buena recomendación suele ser escribir en letras mayúsculas o con un tipo de letra de tamaño superior al habitual. De esta forma no solo te aseguras de que sean fáciles de leer, sino que además puedes deshacerte de ellas durante la propia evaluación, situándolas por ejemplo sobre el atril, o sobre una silla de la primera fila y leyéndolas desde la distancia sin necesidad de tenerlas entre manos.

 

Mientras estés tomando notas, decide también sobre la importancia de cada elemento que estés escribiendo. Durante la presentación de la propia evaluación, nunca hay tiempo para decir todo lo que a uno le apetece, de forma que hay que priorizar, y mejor hacerlo sobre la marcha que después. Hay personas que asignan puntos a cada elemento observado, otros utilizan los signos «+» , «++» o «+++», etc. Una vez que concluye el discurso, esto permite decidir con rapidez qué puntos se tratarán y en qué orden.

 

Muestra que te preocupas.

Incluso a pesar de que no deberían, los oradores con frecuencia dedican más atención al evaluador que al resto del público. Hasta cierto punto esto es natural y no muy problemático. Pero sí coloca una responsabilidad extra sobre ti: Deberías mostrar que te preocupas por el discurso y por el orador, haciendo más énfasis en el contacto visual, asintiendo con más frecuencia o claridad, y en general apoyando al ponente en los momentos críticos, como por ejemplo cuando el orador presenta una anécdota divertida o chiste.

 

Cosas que no se evalúan.

Mientras escuchas al orador, es importante recordar no sólo las cosas que hay que evaluar, sino también aquellas que no entran en la evaluación:

 

  • La elección de contenido en general no se evalúa, salvo para indicar cómo de apropiada fue de cara a la consecución de los objetivos del proyecto. Por ejemplo, si el proyecto es sobre Lenguaje No Verbal y el ponente eligió hablar de contabilidad, igual no es el tema más idóneo para un amplio muestrario de gestos. Es perfectamente legítimo comentar este aspecto, sin entrar en más detalles.

 

  • El propio contenido tampoco se evalúa, salvo en proyectos muy específicos (por ejemplo, sobre recursos retóricos, donde sí es necesario entrar a evaluar la forma en que se ha comunicado el mensaje). Incluso si estás totalmente en desacuerdo con el punto de vista del orador, intenta no comentar sobre el mismo, y mucho menos entrar en discusiones, intentar rebatirle o presentar tus propios puntos de vista sobre el tema, o entablar un debate sobre quién tiene la razón o no,

 

  • La persona nunca se evalúa. No deberías hacer comentarios sobre su ropa, su estilo, su elección de accesorios, o cualquier aspecto estético o físico del orador, salvo que el mismo afectase de forma clara e inequívocamente negativa al discurso. Por ejemplo, si el orador llevaba puestos un conjunto de brazaletes que sonaban cada vez que movía sus manos, esto es algo que debería ser indicado. Sin embargo, comentarios como «Hoy Marta llevaba un vestido precioso» o «Pedro presentó su discurso enfundado en un traje muy elegante y apropiado» están totalmente fuera de lugar, incluso siendo positivos (¡y no digamos ya si son negativos!).

 

Qué hacer como evaluador - La propia evaluación

 

Habitualmente el enfoque apropiado para realizar un discurso de evaluación es lo que se denomina el «método del sándwich», comenzando por una capa de comentarios positivos y aspectos a destacar del discurso, una capa de crítica constructiva y comentarios a mejorar, y una última capa de cosas que te gustaron del discurso. El «sándwich» puede tener varias capas alternando sucesivamente aspectos a mejorar y puntos débiles del discurso con aspectos positivos.

 

Sandwich Approach Blank
comentarios positivos

 

aspectos a mejorar

comentarios positivos

¿Cómo de gruesa debe ser cada capa? Esto depende mucho del nivel del orador y su confianza en sí mismo.

 

Para oradores nóveles, habitualmente se recomienda un 40% de comentarios positivos, un 20% de puntos a mejorar y de nuevo un 40% de comentarios positivos. Esto significa que en las evaluaciones de estos primeros discursos hay muchos comentarios para motivar y apenas un par de puntos para mejorar: los que estimes principales o más prioritarios.

 

Para oradores más avanzados, habitualmente prefieren una distribución más cercana al 20% 50% 30%, representando cinco o seis puntos de mejora y dos o tres puntos positivos fuertes.

 

Presentando los puntos positivos

 

Los comentarios positivos o puntos fuertes del discurso son los más fáciles de presentar, sin embargo es fácil caer en varias trampas:

 

  • Halagos: Los halagos siempre son positivos y a todo el mundo le gusta recibirlos, pero no son comentarios positivos. La diferencia es que los halagos nunca son específicos, sino siempre «difusos», y el orador rara vez puede saber qué es lo que exactamente hizo tan bien, y por lo tanto tampoco puede repetirlo o usarlo como base para mejorar todavía más. Por ejemplo, «¡Excelente trabajo con la historia! Realmente muy bueno» representa únicamente un halago no específico. Sin embargo, otra cosa hubiese sido haber expresado lo mismo de la siguiente forma, añadiendo los detalles o aspectos concretos que te hicieron llegar a esa opinión: «¡Excelente trabajo con la historia! Me encantó el personaje de la niña pequeña y lo detallado que fue la descripción de su personalidad, y también la forma en que la representaste con su voz».

 

Hay que huir especialmente de adjetivos genéricos que no significan nada, como «buena variedad vocal», «fantástica presentación», «buen discurso», «excelente lenguaje no verbal», etc., salvo que a continuación inmediatamente venga una explicación de por qué crees que fueron así.

 

  • Trivialidades: No caigas en la trampa de dar críticas positivas (o peor aún, halagos) sobre trivialidades. Esto es especialmente importante para oradores avanzados. Para un orador en sus primeros proyectos, es muy agradable y motivador recibir la enhorabuena por no haber utilizado notas o por haber tenido un excelente contacto no visual. Sin embargo, para un orador avanzado, que el evaluador esté 30 segundos hablando —por decimoquinta vez—  de que no utilizó notas en su discurso, puede resultar incluso molesto.

    

  • Demasiados comentarios positivos:  Las cosas buenas en exceso se convierten en malas. Los miembros de Ágora Speakers se unen a la asociación para mejorar y aprender. Si una evaluación consiste en un 80% (o peor, un 100%) de comentarios positivos, entonces el miembro puede pensar, con toda la razón del mundo: «Bueno, si tan bueno soy, entonces, ¿qué estoy haciendo aquí?»

 

  • Comentarios positivos como excusa:  A veces las personas utilizan los comentarios positivos como pantalla o «amortiguante» de lo que viene a continuación. Esto se puede ver en construcciones como «Me encantó …. pero … ». La palabra «pero» esencialmente borra todo lo que la precedió y lo marca como «introducción irrelevante» a lo que sigue, que suele ser un comentario negativo. Evita este tipo de construcciones. Los comentarios positivos siempre deben ser autónomos, sin matices ni salvedades.

 

Presentando los puntos de mejora

 

Presentar los puntos de mejora suele ser la parte más difícil de una evaluación. Las causas habituales son:

 

  • No queremos ser críticos
  • Estamos inseguros de nuestra propia experiencia
  • Estamos inseguros de nuestra cualificación o capacitación para evaluar
  • Estamos inseguros de haber oído o entendido correctamente aquello sobre lo que vamos a comentar
  • Tenemos miedo de ofender al orador
  • Tenemos miedo de que el orador o el resto del público no esté de acuerdo con nuestro comentario.

 

Para anular estos miedos, recuerda que no estás puntuando al orador, ni tampoco evaluándolo académicamente, sino únicamente expresando tu propia opinión personal y ofreciéndole consejo sobre cómo mejorar.

 

Para que sean útiles, los puntos de mejora deben:

 

  • Ser específicos:  De nuevo, esto es lo que distingue la crítica negativa de la constructiva. La crítica negativa, igual que los halagos, es inespecífica, difusa, y muchas veces incluso personal : «Tu uso del lenguaje no verbal fue un poco excesivo» es un ejemplo de crítica negativa. Sin embargo, si en lugar de eso dices por qué crees que fue así, la cosa cambia: «Cuando te subiste sobre la mesa y comenzaste a actuar como un gorila, y luego te colgaste de la lámpara, creo que eso fue un poco excesivo en términos de lenguaje no verbal».

 

  • Ofrecer formas específicas de mejora: Esto significa que no sólo se indican qué partes de la presentación son mejorables, sino que también se ofrecen indicaciones sobre cómo podrían mejorarse. Continuando con el ejemplo anterior, podrías añadir «Creo que simplemente dejando colgar tus manos  al lado de tu cuerpo y curvándolo igual que hacen los gorilas, y luego dando un par de pasos de esta manera hubiese sido suficiente para dejar claras las cosas».

 

  • Ejecutables. Esto significa que la persona realmente puede hacer algo respecto al punto que consideraste mejorable. Por ejemplo, si una persona tiene una voz rasgada o rasposa, esa es la voz que tiene, y punto. No constituye una crítica constructiva decir cosas como «Cuando leas poemas románticos te recomendaría usar una voz un poco más suave y melódica». Por muchos detalles y formas de mejora que se ofrezcan sobre su voz, realmente nunca constituirán crítica constructiva porque no es algo que la persona pueda cambiar.

 

Cuando se trata de presentar los puntos de mejora:

 

  • No repitas recomendaciones. Es suficiente con mencionar el punto de mejora una vez, no hace falta restregarlo ni entretenerse en él, repitiéndolo varias veces.

 

  • No uses lenguaje imperativo. No eres el jefe del orador. Intenta evitar expresiones como «deberías», «necesitas», «tienes que» o en general el tipo de lenguaje que se suele denominar «acusador» o de «apuntar con el dedo». En lugar de esto, una forma de decirlo sería «yo haría esto o aquello» o «te recomiendo que lo hagas de esta manera», o «te sugiero que …», «te propongo que. », etc.

 

  • No hables en términos absolutos. Recuerda que únicamente estás expresando tu propia opinión, no una especie de verdad universal «Faltó variedad vocal». En lugar de ello, es mejor indicar «No aprecié demasiada variedad vocal. Únicamente recuerdo tres casos: cuando hablase como si fueses la niña pequeña, el lobo y la abuela

 

  • No hables en nombre de otros. De nuevo, esto está relacionado con el punto anterior. No necesitas demostrarle nada ni al orador, ni al público. Por ejemplo, expresiones como «Creo que todos estamos de acuerdo en que el lenguaje no verbal del discurso fue mejorable» están fuera de lugar.

 

  • Por último, expón lo que observaste, en lugar de hacer suposiciones sobre las razones subyacentes. Por ejemplo, no digas «Creo que al discurso le faltó preparación» ya que no tienes base para hacer esta observación, ni conoces realmente si la preparación fue mucha o poca. En lugar de ello, simplemente constata los factores que te hicieron pensar en que ello: «Sentí como en algunos momentos dudabas o no estabas seguro de qué decir a continuación»

 

La conclusión de la evaluación

 

La conclusión de la Evaluación debe de alguna forma realizar un resumen de los puntos positivos, los puntos de mejora, y terminar con algo que motive al orador y le transmita «energía positiva» por así decirlo.

 

Intenta evitar el uso de clichés o tópicos, en particular el manido «espero pronto escuchar tu siguiente discurso» . Intenta ser creativo, y planea si es posible la conclusión incluso antes de la reunión.

 

Qué hacer como evaluador - Después de la reunión

Después de la reunión, habla con la persona que evaluaste para ver si tiene alguna duda o pregunta.

Recuerda también rellenar y entregarle la hoja de evaluación asociada al proyecto.

 

Convirtiéndote en un gran evaluador

Como siempre, la perfección llega a través de la práctica. Para practicar, no siempre es necesario tener el rol de evaluador. Puedes hacer todos los pasos indicados en este capítulo sin realmente presentar la evaluación en público. De hecho, suele ser muy instructivo comparar tu evaluación con la presentada por el propio Evaluador durante la reunión.

 

Cuando tú eres el evaluado

 

Cuando es tu discurso el que es evaluado, acepta la evaluación con humildad y como un regalo. El Evaluador está allí para ayudarte a mejorar. No tomes nada de forma personal.

 

No discutas con el evaluador, y mucho menos mientras está presentando la evaluación en la reunión; el simplemente está expresando su opinión y transmitiéndote la forma en que oyó y sintió tu presentación.

 

Si quieres hacer algún tipo de comentarios o aclarar algo con él, hazlo después de la reunión, en privado.

 

Cuando no evaluar

 

Una vez que uno se convierte en un evaluador activo y apreciado en el club, puedes tener la tentación de aplicar tus habilidades de evaluación en otros contextos. Debes hacer esto con mucho cuidado, si acaso siquiera haya que hacerlo. Después de todo, los miembros de un club de Ágora vienen con el propósito de ser evaluados y recibir críticas constructivas. Esto es algo esperable y apreciado. Este no es el caso de la población general o de los oradores en otros eventos.

Imagínate asistir a una ceremonia de entrega de premios, y luego aproximarte al ganador después de la ceremonia diciéndole algo así como «Me encantó tu discurso de aceptación del premio. Tu proyección vocal fue muy buena: todo el mundo, incluso al fondo de la sala, pudo oírte. ¿Puedo sugerirte tener un contacto visual un poco más sostenido con todo el público? Observé que mirabas con bastante más frecuencia la parte derecha de la sala...»

Por absurdo que esto parezca, está extraído de una situación real.

Hay una diferencia importante entre ser un profesor cuando se te pide tu opinión y consejo, y ser alguien que va de sabelotodo iluminando al mundo en general.


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